| tenbrinken ( @ 2007-01-19 20:45:00 |
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Carnal, Bloody and Unnatural Acts
Pues sí, amici, hoy voy a hablar de actos carnales, sangrientos y antinaturales, así, robándole la frase a Shakespeare y dándole un uso desviado.Que yo tengo cierta predilección por los seres artificiales, autómatas, dandys y otras figuras cuya relación con lo natural es nula..., ya lo saben. Pero últimamente en mi galería de seres modelados y prácticas escultóricas del ser estoy bastante ocupada con otro fenómeno fascinante, a saber, la cirugía plástica, que aunque se suele imaginar aséptica, yodada y anestesiada es carnal y sangrienta a más no poder. Y antinatural, por supuesto. La culpa de ese interés la tienen estos dos:

Hala, paladeen lo que es un diseño de producción y un aparato publicitario como Dios manda, con estos dos seres orgánicos pero inertes pululando por el quirófano con sus respectivos pigmaliones apoyaditos en el acero quirúrgico. Supongo que conocerán la serie, que es lo más ácido y retorcido que se ha visto en tiempo; yo afirmo que estoy interesadísima en el asunto, hasta el punto de meterme en camisa de once varas escribiendo artículos sobre ella y sobre la cirugía plástica propiamente, práctica que me fascina mucho mucho mucho (para sorpresa de una servidora)... con la mala prensa que tiene la pobre.Que si se trata de una serie de prácticas despiporrantes que imponen a las mujeres modelos hegemónicos de belleza, que si es una frivolidad, que si tras ella hay inseguridad, que si es puro consumismo... claro, una viene a imaginar a cierta paciente estereotipada, rica, vieja y de Miami: vamos, la Mrs. Grubman de la serie.
En parte sí, pero nadie se acuerda de lo mucho que le debe la cirugía estética a la Primera Guerra Mundial, cuando hubo que coser, zurcir y reconstruir los cuerpos mutilados de los soldados; o de las manías sobre la degeneración y el antisemitismo propias del fin de siglo, que provocaron un tremendo éxito de la rinoplastia en Occidente, mientras que en Oriente la intervención para occidentalizar los ojos y borrar las marcas étnicas para acercarse al paradigma de la “normalidad” ya era cosa conocida y habitual. Aunque yo he de decir que a mí lo que me fascina de verdad es que uno de los orígenes de la rinoplastia y de la cirugía estética en general fuera la necesidad de reconstruir las naricillas de los sifilíticos... y es que lo de pensar que una práctica supuestamente padecida en la actualidad por ciertas mujeres que quieren resultar más deseables se originó, como el que dice, porque unos señores acomodados necesitaban quitarse las secuelas de haber deseado a tantas otras mujeres demuestra que las fuerzas que rigen el Destino son muy pero que muy cabritas... o que tienen mucho sentido del humor.
Más información sobre desarrollos pretéritos de la criugía plástica en Sander Gilman, Making the Body Beautiful. A Cultural History of Aesthetic Surgery, Princeton UP, 2001.