tenbrinken ([info]tenbrinken) wrote,
@ 2006-07-24 15:14:00
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Todo está escrito
Hace cierto tiempo, le prometí a Cisne Negro que haría una entrada sobre las lecturas de mi infancia mandrangoril. Hoy, aprovechando que me intenta arrebatar otra promesa de carácter journalífero, cumplo la antigua mientras medito si me comprometo a la nueva... en fin, queridos, que soy una roedor de biblioteca no es novedad para ninguno de los presentes. Sí, me he pasado toda la vida leyendo, por obra y gracia de mi progenitor, que me regalaba libros y más libros. De hecho, uno de los pocos recuerdos de la infancia es aguardar a que él llegara de Barcelona trayendo libros. Recuerdo algunas piezas de una colección horripilante de Bruguera; horripilante en la forma: libros de colorines estridentes que todavía asocio a sus títulos y que todavía duermen en las estanterías de la casa de mis ancestros.

Veamos: naranja, "Cuentos del lunes", de Alphonse Daudet; amarillo canario, "Las minas del rey Salomón", de H. Rider Haggard; verde hoja, "Los últimos días de Pompeya", de E.G. Bulwer-Lytton; ¿naranja o amarillo?, "El enano negro", de Walter Scott. Lo que es la memoria... De Walter Scott también recuerdo "La flecha negra", en otra colección, y supongo que la Guerra de las dos Rosas siempre ha sido mi guerra favorita por haber leído ese libro tantas y tantas veces... ¿Y cómo olvidar las andanzas de la Pimpinela Escarlata, escritas por la Baronesa d'Orczy? Otra de las lecturas que revisité una y mil veces, y a la que supongo también le debo mirar con buenos ojos el Terror.

Pero vayamos al meollo, mi verdadera pasión infantil, la que eclipsaba a todas las demás era esta:





Bueno, no este libro en particular (pero ¿cómo resistirse a colgar esta portada?), sino el autor. Yo era devota, enfervorizada e incansable lectora de Emilio Salgari. Con nueve o diez años ahorraba el dinero que costaban los libros de una colección también atroz, de tapa blandengue y verde y editada ladinamente de modo que dejaba los libros a medias obligándote a comprar el siguiente y el siguiente y el siguiente. Yo creo que es la única colección que he hecho y acabado en mi vida.

La verdad es que todo se debía a una cuestión sentimental: yo estaba enamorada del Corsario Negro, así de simple. Pero además, es que los libros tenían todo lo que hay que tener: piratas, aventuras, tramas retorcidas, una archinémesis, Wan Gould, que era un villano como Dios manda, unos secundarios fantásticos –el vascofrancés Carmaux y el hamburgués Wan Stiller-, más piratas, corsarios, bucaneros, filibusteros... ah, ¡cuando recuerdo cómo toda una escuadra pirata, con los grandes de la Tortuga, Pierre el Olonés a la cabeza, se lanzan contra Maracaibo... todavía me emociono! Y el Rayo, el Rayo... casi me da un pasmo cuando es destruido.






También estaba Sandokán, claro... misma estructura, tramas parecidas... ambientado en las selvas asiáticas. Pero, bueno, a mí me gustaban más las Antillas, qué le vamos a hacer. Prefería las aventuras del Capitán Tormenta, luchando heroicamente en el asedio de Famagusta, defendiendo a la República de Venecia contra los otomanos. Lástima que la serie era bastante corta, pero no sólo aprendí las refinadas torturas que gastaban los otomanos –ahí aprendí el significado exacto y las variantes del término empalar, amén de diferentes técnicas de desuello-; quedó el recuerdo de la mala malísima Haradja y de una heroína, porque sepan ustedes que el Capitán Tormenta no era capitán sino capitana... y claro, algo de esa fascinación debe quedar cuando me voy encontrando heroínas literarias disfrazadas de señor y me entusiasmo.

Viéndolo en perspectiva, se podría hacer una lectura psicoanalítica bastante convincente de porqué el señor Tenbrinken siempre viste de negro; mejor dicho, de porqué alguien vestido de negro se convirtió en señor Tenbrinken. Será cierto que los amores de la infancia nunca se olvidan. Pero sobre todo, viendo la abundancia de escritores de finales del XIX y principios del XX que hay en esta lista...casi da miedo pensar qué período he acabado trabajando... Y es que ya lo dice el refrán: todo está escrito.



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¡Salgari!
[info]acte_gratuit
2006-07-26 01:37 pm UTC (link)
Qué recuerdos... La Duquesa de Éboli y Muley-el-Kadel batiéndose en duelo en Chipre. El Corsario Negro atravesando la selva después del saqueo de Maracaibo (¿o era el de Gibraltar?). Sandokán saltando sobre un tigre o despellejando a un oficial británico con su kriss.
Creo que me voy a poner a buscar los textos ahora mismo por la red, que me está entrando el mono.

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Re: ¡Salgari!
[info]tenbrinken
2006-07-27 01:10 pm UTC (link)
Ay... pozi pozi, el que donaria per uns Salgaris ben editats... de fet ahir vaig tenir a les potes Los Tigres de Mompracem, Sandokán i El rey del mar, todo junto y en paperback. Feia olor a mala edició ¬¬ Per consolar-me em vaig consolar amb l'únic senyor que em diverteix en edat adulta: Wilkie Collins, ara amb una de robatoris dels verins dels Borgia (re)descoberts per un científic una mica locatis jijijiiji. Ai, què fariem sense Mr. Collins!!!

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