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Las hazañas de la joven Ten Brinken - June 10th, 2006 [entries|archive|friends|userinfo]
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June 10th, 2006

Sísara [Jun. 10th, 2006|08:41 pm]
[mood | indifferent]
[music |The Brides- Amputation Celebration]

No, queridos, esto no es una entrada sobre el Treffen... como tocaría por las fechas. No lo es porque no he ido: a mis manías concernientes a las aglomeraciones de gente, los festivales, los campos de ajos de Leipzig, etc. debe sumarse el hecho de que tenía un compromiso ineludible. Vamos, que tenía que estar en otro lado conferenciando.

Lo bueno de las conferencias es que, si están bien pagadas -y esta lo estaba- te alegran el mes y hasta el trimestre, cosa necesaria teniendo en cuenta las miserias de sueldos que te endosan las Universidades... eso explica que me haya pasado el curso conferencia arriba y abajo. Ejerciendo de conferenciante mercenaria, o algo así. Lo bueno es una cuestión crematística, digo, pero lo mejor es que te sirven de espejo: cuando alguien te invita a dar una conferencia quiere que hables de algo en particular, es decir, te haces a la idea de lo que tus colegas creen que son tus líneas de investigación... y los resultados son sorprendentes.

En mi caso, por una extraña coyuntura astral, nueve de cada diez personajes que me invitan creen que mi especialidad es la "femme fatale"... supongo que porque me paso más tiempo situada en 1890 que hoy día. La cosa tiene gracia porque debo hablar sobre la "femme fatale" y acabo hablando de Darwin, de Lombroso, de Havelock Ellis y de que en definitiva, las mujeres fatales no existen... y si existen y son reconocibles, son inofensivas. Una y otra vez les explico que la "femme fatale" es sólo una manera de leer ciertos textos... en el fin de siglo y que Judith era una heroína estupenda en la tradición bíblica hasta que a los señores finiseculares les empezó a parecer aterradora.

De hecho, las lecturas finiseculares de las heroínas bíblicas es asunto espinoso. Me fascina ver la predilección por unas y la "omisión" de otras, que dan para más pensamientos retorcidos, la verdad. A Salomé, por ejemplo, se la inventan, como el que dice, para obtener bonitas estampas de joven virginal abrazándose a una cabeza cercenada y a Herodías, que es bastante más pérfida... bien pocos le hacen caso. Y entre las "castradoras" ilustres, parece que no hay más que Judith, cuando hay una historia infinitamente mejor y con más material para que los varones victorianos malpensaran.

Es la historia de Sísara, uno de tantos enemigos de Israel, que, como vaticinó Débora a a Barac, jefe del ejército: "A mano de una mujer entregará Yavé a Sísara". Y cayó, tras perder a sus tropas y huir, fue a parar a manos de Jael, quien lo acogió con la mayor de las hospitalidades y...






Tomó Jael, mujer de Jeber, un clavo de los de fijar la tienda
y agarrando con su mano el martillo se fue a él, calladamente,
y le hincó en la sien el clavo, que penetró en la tierra; y él,
profundamente dormido, a causa de la fatiga, se murió (Jueces 4, 22)


Ni decapitación ni puñetas, trepanación mortal, con inspiradora femenina y mano femenina también... y es que la historia acaba con el canto triunfal de Débora. Yo no me explico cómo semejante historia no ha tenido ni la mitad de repercusión que la de Judith o Dalila o Salomé... a veces pienso que mis queridos decadentes se pasaban de opio, absenta y/o morfina y se perdían cosas así de interesantes. Menos mal que tenemos a la Gentileschi que inmortalizó la escena de la mejor manera unos pocos siglos antes... Artemisia, Artemisia, nadie pinta los asesinatos como ella... lo que me hace pensar en otra pintora algo anterior de condición tan enigmática como la Gentileschi... pero bueno, eso será otro cantar... y si estoy de ánimo, otro post.
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