| Epístola de la Dra. Ten Brinken a su Golem prófugo |
[Apr. 5th, 2006|10:23 am] |
| [ | mood |
| | enraged | ] |
| [ | music |
| | The vapors-Turning Japanese | ] |

Retrato de la Doctora Ten Brinken sin su Golem
Querido Golem,
Cuántas veces se lo hemos explicado a nuestros alumnos, insistiendo obstinados:
“Ciertamente. ¿De dónde, si no es de los impresionistas, hemos sacado nosotros esas prodigiosas nieblas ocres que se deslizan sobre nuestras calles, difuminando las farolas de gas y convirtiendo las casas en sombras monstruosas? ¿A quiénes si no es a ellos y a su maestro, les debemos las preciosas brumas plateadas que se ciernen sobre nuestro río, y que transforman al puente curvo y a la oscilante barcaza en borrosas formas de desvaída belleza? El extraordinario cambio que ha tenido lugar en el clima de Londres durante los últimos diez años se debe enteramente a una escuela de arte. Sonríes. Considera el asunto desde un punto de vista científico y metafísico, y comprenderás que tengo razón. Pues ¿qué es la naturaleza? La naturaleza no es la gran madre que nos ha alumbrado. Es nuestra creación. Es en nuestro cerebro donde despierta a la vida. Las cosas son porque nosotros las vemos, y lo que vemos y cómo lo vemos, depende de las artes que nos han influido. Mirar una cosa es muy diferente de ver una cosa. Uno no ve una cosa hasta que no ve su belleza. Entonces, y sólo entonces, empieza su existencia.” Oscar Wilde, The Decay of Lying.
Mil veces les hemos pasado el fragmento y les hemos contado que es la vida la que imita al arte y que hay que convertir la existencia en algo estético...y hala, tan anchos, y luego esto... Las cosas no iban así, amigo mío. Tantos años de cultivar nuestra existencia de científica loca y brazo ejecutor para acabar así: los Golems no hacen esto.
¿Cuándo se ha visto a un constructo, a una criatura de laboratorio largándose a estudiar a Japón??? Esto no es innovación, es lectura torcida de los clásicos: ya no digo tenerme que ver perdida en el ártico perseguida por el monstruo que he creado, o acabar devorada en un sótano y consumida por un fuego purificador a manos de mi engendro artificial... pero es que largarse a Japón... ¿un poco de trama edípica era lo suyo, no??? Matar a la madre y esas cosas era lo mínimamente decoroso que podíamos teatralizar para ser coherentes con nuestras tesis científicas.
Más aún, puestos a largarse... nos podíamos haber acordado de que, como buena dama victoriana, el mundo civilizado, en mi humilde opinión, tiene como límites los Cárpatos en Oriente y Finisterre en Occidente. Una novela bizantina en esa zona tampoco hubiera estado mal. Pero, nada, a Japón. Como si no hubiera ya bastantes motivos para odiar semejante sitio. Y no, no quiero oir hablar de las colonias del Atlántico como excusa: en términos retóricos no cuela, que ni son viajes equiparables, ni Japón se perdió en el 98 (puestos a buscarse algo en el Pacífico, haber escogido las Filipinas) y en fin... esto es otro cantar.
Nada, a ver si reflexionas en ese archipiélago hiperpoblado y ya que al menos nos pasamos al modelo Mary Shelley por el forro, nos acordamos de Dickens y volvemos por Navidad. Y es más, espero que te alimenten bien (a pesar de todas la guarradas que hace esa gente con el pescado) y que nadie te mire oblicuamente (aunque eso es técnicamente imposible) cuando me compres maquillaje... porque si no, vamos, tendremos que cambiar definitivamente de modelo literario, recurrir a Tasso, y aterrizar en tierras bárbaras cual Clorinda, para rebanar las cabezas que no te cuiden como manda Dios y Nuestra Santa Madre Iglesia. Que yo no me paso años edificando a un Golem para que cuatro taoístas me lo perviertan en unos meses...Amén.
B.s.p.y.s.m
Ten Brinken |
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